¿Redes sociales o sociables?
Si tuviésemos que señalar el concepto más importante del momento entre la gente de comunicación, y no tanto, es el de red social. Este incomprendido término se ha transformado en la vedette de toda campaña y estrategia de comunicaciones. Esta atractiva panacea nos seduce, coquetea y provoca de modo tal, que todos caemos a sus refinados pies y tratamos de involucrarnos con ella. Para describir este escenario yo utilizo el neologismo “REDES SOCIABLES”.
Sí, al parecer sólo importa la red y olvidamos la capacidad social. No sabemos qué, cómo, ni cuándo, tenemos una necesidad irresistible de sociabilizar con ellas. Todo cabe dentro de una red: “quiero mi red social ahora!”.
Debo aclarar que las redes sociales han existido siempre y forman parte de la naturaleza humana. El juntarse en grupos y organizarse en comunidades para intercambiar y compartir experiencias con otros, son parte de nuestro ADN social. A modo de ejemplo, como no mencionar el club de lectores, de leones, los boy scouts, los centros de madres, los clubes de alta o baja alcurnia. Sí, quizás usted pertenece a muchas redes sociales y aún no lo sabe.
Las redes sociales no nacen a partir de la tecnología, pero sin duda que gracias a Internet y sus cambios de paradigmas, hoy están de moda, yo diría que la tecnología e Internet demoraron más de 40 años en entender las necesidades sociales de los individuos. Por eso, podemos entenderlas como el escenario donde las personas se relacionan entre sí como un nodo de red multidireccional permitiendo el intercambio social. Es muy importante señalar que la unidad mínima de una red social es un ser humano, que es capaz de agruparse por causas comunes y organizarse en comunidades, las que a su vez interactúan con otras comunidades, todo esto facilitado por una plataforma tecnológica.
Hoy tenemos un ecosistema digital plagado de señores tratando de convencer a sus clientes que ahí está el futuro. Lamento decir que ese ya es el presente, pero en la infinita cualidad reactiva que nos caracteriza nos hace mirar desde lejos con ganas de hacer algo con ellas pero sin saber qué y cómo hacerlo. Muchos hacen, otros deshacen, aparecen nuevas necesidades, y oportunidades, ofertas de empleos raros y muchos no tardan en tomar ventajas de este fenómeno.
¿Conoce usted algún Social Media o Community manager? Quizás no, pero este complejo escenario hace que las empresas sientan la necesidad de contar con estos sofisticados ejecutivos en sus filas. Como decía mi abuela, a río revuelto ganancia de los twitteros. No ,ella no conocía Twitter, ni Twitter es una red social. Se instaló en este mar digital la creencia que un tipo con muchos seguidores y con escasos conocimientos de comunicación, entiende el fenómeno social y digital al que estamos enfrentados. Entre fiesta y fiesta hi-tech estos engendros geeks, simpáticos por cierto, entraron en “onda” con los gerentes de marketing de las compañías, los que entre copa y copa les ofrecen estos novedosos espacios en sus compañías apareciendo en Chile los primeros Social Media Manager, pero a la chilena, siempre pensando en cantidad y no en calidad.
Lo que pasó después de mucho ensayo y error, más errores que ensayos diría yo, es que nuestra industria empezó a mirar para el lado debido al poco profesionalismos de la oferta y a las obvias exigencias de la demanda. Comenzamos a notar que en otros países se toman en serio la convivencia digital entre empresas y usuarios y que se necesita, en forma urgente, de personas expertas encargadas de la relación entre sus productos o servicios y las comunidades de marca.
Ya no es una opción trabajar en las redes sociales sino una realidad muy difícil de enfrentar, que requiere de expertos en comunicación digital, estrategas, estadistas, capaces de generar contenido, de articular multitudes inteligentes. ¿Un publicista, periodista, sociólogo, diseñador? Quizás un poco de cada uno. El escenario cambió, hoy tenemos plena conciencia en que los consumidores y las marcas se relacionan en forma digital, que personas reales están participando e interactuando en la red y no avatares bóticos que solo existen en el cyber-espacio.
La tecnología nos regala de vez en cuando estos escenarios donde los paradigmas cambian, se hacen más extensos o de transición ¿el consejo? Hay que mirar hacia adelante y tratar de ver qué podemos hacer, si bien es cierto muchas de las actividades que se desprenden de estos fenómenos son orgánicas, es necesario que se profesionalicen. Aquí apelo al rol de la academia, de saber leer en forma proactiva las necesidades de la industria, para proveer de programas de estudio que vayan acorde con la realidad y brinden soluciones reales que cubran estas exigencias, Magíster en Administración de Comunidades Digitales, bienvenido seas.
